pais2

Diario: EL PAÍS Lunes 17/03/2003

Arte en La Barra

(por Alvaro Casal)

Verdadero «village» de pintores y galeristas. Punta del Este se extiende y coloniza zonas que lucen transformadas en verdaderas vidrieras de artistas.

La Barra de Maldonado cocnetnra las miradas desde hace décadas, con una movida de notoria influencia europea, aunque en medio de una zona atada al paisaje y regida por una arquitectura que intenta -no siempre- conservar su memoria más pura.

Allí, donde puede darse la dualidad en materia de propuestas gastronómicas hechas a medida de jóvenes y no tanto; donde tienen cabida las boutiques de firmas renombradas junto a negocios con la onda más hippie; donde los boliches menos paquetes son capaces de convocar a la gente selecta del balneario; allí donde finalmente muchos se volcaron, en busca de otros aires menos citadinos, no podía menos que formarse ese «off-Punta del Este» en materia artística, tal y como se formó.

Un fenómeno gregario con raíces geográficas o de afinidad. Quizás.

El hecho es que hoy son varios los «ateliers» y galerías que mantienen sus puertas abiertas en verano y también más allá del estío, cuando todo recuerda a un pueblo fantasma. Es que La Barra de Maldonado está decidida a librar batalla para mantener su perfil aglutinador, su aire de «decó-market», con muestras de especial atracción y con artistas de la talla de Ángel Tejera o Gustavo Vázquez transitando habitualmente por las calles tortuosas que irremediablemente conducen al mar.

Una tendencia más que atendible en lo que tiene que ver con nuestro mundo cultural.

(…)

COMO EN BOTICA. El enfoque de Elina Damiani, pintora que exhibe y vende en su propio lugar de trabajo, es diverso. «Abro todos los días del año», explica riendo, a la vez que agrega «me ha ido mejor en esta temporada». Es que sus creaciones han comenzado a despertar una interesante demanda. Si bien en el «Taller Elina Damiani» se ofrecen pinturas sobre tablas realizadas por la artista -fundamentalmente de aves marinas-; se contemplan también otras vertientes a fin de poder subsistir. Elina explica: «Estoy aquí desde hace tres años, aunque hace dieciocho que vivo en La Barra. En general, vendo lo mío y también lo de la familia. Este año Gabriel Damiani vendió muy bien».

Siempre acompañados por el bamboleo del cartel rojo que mueve el viento y que en letras blancas proclama «abierto», Tendencias pasa revista y pregunta precios de algunos objetos. Un díptico de tablas con barcos cuesta 150 dólares; las naturalezas muertas valen entre 650 y 1.500 dólares y más económicas, unas tablitas chiquitas con ranas, ballenas y otros temas se comercializan a 20 dólares cada una.

Hay algo que llamó la atención de Elina en este verano 2003. «Vino mucho público extranjero» afirma con entusiasmo y prosigue: «alemanes, italianos, españoles, holandeses, franceses… Podría decirse que del 15 de diciembre al 15 de enero es el tiempo de los europeos, la mayoría de los cuales opina que lo mío es original».

Quizás por eso es qu emuchos vuelven repetidas veces a adquirir sus creaciones y amenzan con llevársela a trabajar a Alemania. Pero también debe ser porque no sólo de pintura vive Elina. En su reducto además vende adornos, accesorios, lámparas que hace su padre, Nando Damiani, otras lámparas extensibles que confecciona Diego Fleitas y miles de cosas más. Ya en la despedida llama la atención un «collage» gigante, con plumas reales de aves marinas. «Éste -aclara la artista- ya está vendido para el exterior».